Fernández Duro en sus Disquisiciones Náuticas II, recoge de La Vida en la Galera (Antonio de Guevara, 1573) que “en galeras el cómitre llevaba el gobierno del barco y el castigo de la chusma por lo que sus herramientas habituales eran el pito y el corbacho o vergajo. El cómitre era algo así como el alma del barco”.
En una galera había tres personajes que podrían confundirse, por lo que se especifica su identidad:
—Capitán es el que manda una embarcación.
—Piloto es el que entiende y ejerce el pilotaje.
—Cómitre o cómite. Para O´Scanlan es ministro a cuyo cargo estaba el orden o dirección, y el castigo de los forzados. Capmani dice que es el oficial de mar que manda a la chusma. García de Palacios lo define como el que rige la galera.

Fondevila considera que es el oficial de mar encargado de las maniobras marineras.
Este cómitre de galeras da origen al Nostramo o Nostromo —contracción de nuestro amo—. En las Ordenanzas del s XVIII aparece sustituida su denominación por la de oficiales de pito, cuando ya en las galeras de 1663 se usaban indistintamente esas acepciones.

Carla Rahn Phillips en su obra Seis galeones para el rey de España, 1991, expresa refiriéndose a la tripulación de un galeón para Carrera de Indias, siglo XVI, que el primer suboficial en la escala de mando después del piloto era el contramaestre, el principal colaborador del maestre en sus deberes, y del piloto, para los marineros. En ausencia del maestre los únicos que no estaban a sus órdenes eran el capitán y el piloto. No sólo debía ser un buen marino e incansable trabajador sino saber leer y escribir. En términos generales debía ser un hombre de honor y buena reputación, natural de España, con algo que perder, y ni demasiado viejo ni demasiado pobre, porque su puesto requería discreción y diligencia; sobre todo debía ser un marino experimentado, muy medido "en su comer y mucho más en su beber" para que su autoridad sobre la tripulación no pudiera ser cuestionada. Su puesto habitual, incluido en combate, estaba al pie del palo mayor, desde donde podía oír con claridad las órdenes del capitán y del piloto y transmitirlas con su pito o chifle. Su salario era alrededor de 130 reales al mes.

Ordenanzas Navales de Carlos III, 1793, "los contramaestres y guardianes usarán el pito para las indicaciones de faenas según práctica marinera, y para llamar la atención, y repetir a la voz la orden de la maniobra que el Comandante u Oficial de Guardia hubiesen mandado ejecutar". El guardián al que aluden estas Ordenanzas era el ayudante del contramaestre y presidía entre los grumetes y pajes. El designado se elegía entre los marineros con más experiencia y con el tiempo los mejores guardianes llegaban a contramaestres.
Timoteo O´Scanlan en su Diccionario Marítimo Español, 1831, cita al pito: "En su acepción común es de plata y de hechura particular que gastan los contramaestres para mandar la maniobras, especialmente cuando hay mucho viento. En lo antiguo se llama chifle, según García de Palacios, 1587".

Asimismo, O´Scanlan define al contramaestre como: "Hombre de mar experto y antiguo en el servicio, examinado en su profesión y caracterizado en un rango superior a todas las clases de marinería, sobre la cual tiene autoridad equivalente a sargento de tropa. Usa uniforme particular a su clase; y en las faenas ordinarias se distingue por un pito de plata (de forma particular y peculiar a su objeto) que lleva pendiente de un cordón de seda negro enlazado al ojal de la chaqueta, y con el cual manda las maniobras bajo la voz del oficial de la guardia, o por sí mismo en las faenas mecánicas del arte".
El parte que dio Concas sobre el Contramaestre José Casado tras la pérdida del crucero Infanta María Teresa fue el siguiente: “Abandonado ya el María Teresa, cubriendo las llamas hasta la altura de las chimeneas y estallando proyectiles por todos lados, cuando se creía que no había alma viviente en el barco, apareció en él un hombre pidiendo socorro, e instantáneamente, sin excitación de nadie, el tercer contramaestre, José Casado, dejó la tierra en que ya se encontraba a salvo y diciendo en alta voz: «yo no dejo morir a ese hombre», se arrojó a la mar.

Llegó a nado al buque incendiado, subió por aquellos costados enrojecidos y despreciando cuanto un hombre puede despreciar la vida, cogió al que pedía socorro, lo bajó en hombros por el mismo sitio y, llevándolo a la playa de remolque, depositó en ella a aquel desgraciado, masa informe, con catorce heridas, que seguramente quedó a bordo juzgándosele muerto, en medio del estruendoso tributo de admiración de 500 hombres que allí olvidaban su desventura para ovacionar la generosidad de otro que se sacudía el agua en la playa como si no hubiese hecho nada de particular…”
El cordón de seda negro, fue sustituido por una cadena de oro en algunos casos, de plata en otros y de materiales más asequibles en la mayoría. Sin embargo, lo más utilizado y en el que cada contramaestre rivaliza con el de al lado, derivó en una rabiza de meollar, beta, cordón, etc. que, tejidos en mil y una filigranas y costuras, tratan de mostrar a los demás su maestría en estas artes tan marineras. Estos collares de labor marinera son usados en la Armada preferentemente para actos oficiales y ceremonias navales.
En los tiempos actuales ganó favor en nuestra Armada el uso de una funda de vaqueta (pasada por el cinturón con cabida para silbato y navaja) en detrimento del traer al cuello el silbato o de enlazarlo al ojal de la chaqueta. No es extraño encontrar un corto chicote-asidero tanto en la navaja como en el silbato.


En el siglo XIX había tres clases de contramaestres que se denominaban, primeros, segundos y terceros, subordinados los últimos a los primeros. Los de esta clase llevan en los navíos, y alguna vez en las fragatas, el cargo de todo lo que es casco, arboladura, aparejo, cabuyería y demás conducente a la maniobra de los buques; y a medida que el porte de estos es menor, es también inferior la clase de contramaestres de cargo, que en todo caso son los primeros de abordo, y a cuyas órdenes sirven los restantes de la dotación. Todos se llaman en general “oficiales de mar”, y para distinguirlos de otras clases, a que se ha aplicado igual denominación, se suele expresar “oficiales de mar de pito”. En los navíos que van dos primeros, el más antiguo es el de “cargo”, el más moderno, que no lleva el cargo, se dice “contramaestre de faenas”. Para contramaestres incluye la voz Amo: “Sobrenombre con que se interpela a los contramaestres por costumbre inveterada de la marina, llamándoles «nuestro amo» cuando se les dirige la palabra. Esta expresión se encuentra contraída en las de «nostramo» y «nostromo » en escritos antiguos”.
Ya en 1802 la Real Ordenanza Naval fijaba el uso del silbato en los buques de S.M.

Dionisio Múxica, en su obra Gente de Mar, 1896, escribe lo siguiente: “el signo distintivo del contramaestre es el pito de plata que usa pendiente de su cuello y que sirve no sólo para mandar las maniobras bajo la voz del oficial de guardia sino para otras muchísimas cosas”.
Múxica continúa: “No es tan fácil como parece tocar bien el pito, pues con él se han de indicar, la hora de levantarse la gente, la de las comidas, la de embarcar en las distintas embarcaciones; con el pito se saluda a los Generales, Jefes y Oficiales que atracan a bordo, con él se manda izar, arriar, hacer «forte» o apresurar un movimiento, se activa la leva de un ancla, se manda que una estacha o calabrote se cobre, mano a mano, al tirón o a levaleva; con el pito se llama a los gavieros y juaneteros que trabajan en los altos… y es el pito, en fin, cosa esencial a los contramaestres que se les llama oficial de mar de pito”.
Víctor Concas, en 1904, escribía: “Los contramaestres que son los sargentos de la marinería, son además de su carácter militar, individuos profesionales en el arte marinero y mecánicos prácticos de gran valor y como proceden de marineros, son hombres resueltamente hechos a la vida de la mar (…) el primer contramaestre en el castillo de proa, es una especie de Neptuno acatado por todo el mundo…
Guillén en su discurso de ingreso en 1963 en la Real Academia Española titulado El Lenguaje Marinero, declara al pito, silbo o chifle como “un instrumento especial de plata, de boya esférica y cañuto suficiente largo para ser modulado en la palma de la mano, a base de crear una cavidad en los cuatro dedos de aquella, artificio que unido a la potencia del soplido y a ciertos movimientos y posiciones de la lengua se pueden «pronunciar» las vocales o e i con sus diptongos io, oi, y oí, como las consonantes g, sólo delante de la i, rr, t con lo que se arbitra un lenguaje que, aunque corto, basta para emitir auténticas palabras y aun sencillas “oraciones“ en número que sorprende y que no pocos nostramos aumentan convencionalmente, según su habilidad, hasta para poder pedir a su pañolero una copa o «chicotazo», y aun distinguir si lo querían de caña o de ginebra”.
En la misma ocasión este autor proclama que “en las jornadas y en toda suerte de faenas y maniobras, en puerto como en la mar, era y es preciso disponer de un modo de expresión conciso, inconfundible y tan agudo y penetrante que sea capaz de sobreponerse a los ruidos de toda suerte, incluso cañonazos, chirridos de cabos, bramar de las olas, bufido y silbar del viento, gualdrapear de las velas, pisadas por las carreras en cubierta, y de alcance suficiente para que llegue inconfundible a la gente que trabaja o marinea por los altos de la arboladura. La solución la dio el pito”.
Julio Guillén, en su memorable obra Nostramo Lourido narra dos hechos relacionados con el pito.

Uno ocurrió cuando la fragata de ruedas Francisco de Asís se encontraba “en aguas de Alicante, mayo 1858, llevando a bordo a la Reina Doña Isabel la Segunda con su real nene y tierno principito Alfonso —futuro Rey de España—. Saltó mal tiempo, de esos que son huraños con el pasaje, por lo que indispuso a la mayoría de ellos excepto al bebé que en brazos del nostramo Lourido lo entretenía con su «reluciente silbato» a modo de sonajero; ni una vez lloró don Alfonsito en aquella noche. A los pocos días recibió el nostramo un «silbato de oro», con gruesa cadena, acompañado de estas líneas autógrafas: «La madre del Guardia Marina más pequeño, al más grande de los contramaestres de la Marina Real. Isabel»".
El otro se produjo en 1876: “La reina de una de las islas del Pacífico se mostró sorprendida agradablemente cuando al llegar a la meseta alta del portalón de la fragata de hélice Carmen, que se encontraba fondeada en sus aguas, vio el ancla tatuada en el dorso de la mano derecha de Lourido que se encontraba recibiéndola a bordo tocando el pito”. La Señora quiso mostrar complacida que ella poseía también un maravilloso tatuaje y… levantándose falda, refajos y enaguas, eso sí, hechas todas ellas de fibras naturales, que entonces no existía Zara, mostró su espléndida y redonda retaguardia, esto es, la zona popel, mientras la guardia militar presentaba armas, el tambor batía marcha y “el nostramo hacía cantar al pito”. (Es difícil imaginar el agobio que Lourido sufrió, el resto, a la vista de tan rotunda reina, quizás si…).

Ancla tatuada en el dorso de la mano derecha de Lourido que recibió a la reina a bordo tocando el pito.
Esta posterior acción sucedida al nostramo lleva aparejado al pito, aunque no en papel protagonista. "Requerido por el capellán, Lourido subió con él al campanario de la iglesia del Arsenal de La Carraca. El nostramo reconoció los herrajes y la trinca de la campana; nada de particular, aunque podría doblar un siglo más con tan solo cambiar el argollón del badajo, gastado del roce de tanto tocar desde 1785, reinando Carlos III, que se bendijo e instaló allá arriba. No extraña considerar a un Contramaestre metido en faena de campanario, que al fin y al cabo es maniobra de peso, y esto entra dentro del cuadro de las actividades de los oficiales de mar y de pito; Lourido sabía que la campana grande de la catedral de Toledo sólo se izó cuando vinieron del Arsenal de Cartagena 12 marineros y un Contramaestre; (ese Contramaestre bien podía haber sido el celebrado Pencho Conesa, quien portaba como sobrenombre «Pito de oro», no sólo por su maestría en cantar el pito sino por tener dos hijas de reconocida hermosura) buenas vueltas redondas, aquí una retenida y allí una buena trapa, y ¡listo!, unas pitadas y un ¡hala muchachos!, y ya está, mientras todo Toledo quedaba pasmado de la fuerza que tiene un chifle”. Hasta de Orense llamaron a Lourido embarcado en la fragata Blanca, fondeada en Vigo. "Lo principal — ¿sabe? — es halar bien y una buena retenida».

Julio Casares en su Diccionario Ideológico de la Lengua Española, 1982, cita: "Chiflar. Silbar fam. Perder uno la energía de las facultades mentales; ofuscarse o volverse loco// fam. Sentir gran amor o afición por una persona o cosa”.
El silbato, pito, chifle es un instrumento de viento, hecho de metales —oro, plata, latón niquelado o cobre— de unos 10 centímetros de longitud, compuesto de un tubo y una bola hueca agujereada en su parte superior, que usan los contramaestres para llamar, dirigir y mandar en la generalidad de las maniobras, faenas marineras y otros actos a bordo. También se toca al entrar y salir de a bordo las personas con derecho a tal honor; así está recogida esta definición en la Enciclopedia General del Mar, 1982. Esta Enciclopedia incluye la expresión Cantar el pito: se dice cuando los contramaestres suenan el pito para mandar con él en las maniobras. A la vez al chifle le da significado de sinónimo de chiflo y de silbato.

Joan Corominas en su Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, 1990, expone: "Pito, 1490, onomatopeya de silbido. De Silbato, 1601, se pasó a canuto. Derivado, Pitar «tocar el pito», a principios del s XVII “fumar” y de ahí pito-pitillo; Chifla, derivado de chiflar por silbar. De una variante popular del latín sifilare, sale del antiguo Chiflar «silbar», 1335. Silbo, 1295”.
Según enseña el Diccionario de la Ciencia y de la Técnica del Renacimiento, el chifle es un "Instrumento de viento, hecho de plata, de cuatro a cinco pulgadas de largo, compuesto de un tubo y de una bola hueca y agujereada, que gastan los contramaestres para llamar, dirigir, y mandar a los marineros…». En el Diccionario Español de la Lengua Franca Marinera Mediterránea, 2011, su autor Pedro Fondevila, muestra: "Pito. Chifle. Silbato. Instrumento de viento de metal, antiguamente de plata, de 10 a 12 centímetros de largo, compuesto de un tubo y de una bola hueca y agujereada, que utilizaban los cómitres y continúan usando los contramaestres para llamar, dirigir y mandar la generalidad de las maniobras, faenas y demás actos a bordo”; "Un pito de plata; mando se le dé al dicho cómitre (Rojas)”. Este autor también define Chiflito como: "silbatillo, chifle pequeño, con el cual manda el cómitre las maniobras y dirige la boga”. "Con un solo chiflito que trae al cuello haze todas las diferencias de mandar que son menester, al qual an de estar tan promptos” (Anónimo).
Cepeda-Cerdán manifiesta en la Revista General de Marina, 2016, que: "en la Edad Media el cómitre era el capitán de la galera, pero en el s XVI era solamente un oficial de mar. Se auxiliaba por un «sotacómitre » (es el siguiente al cómitre) al centro o junto al palo mayor y otro a proa. Sus poderes sobre la chusma eran absolutos, debiendo conocer no sólo las técnicas del combate y navegación, sino también obtener el máximo esfuerzo y resistencia de esos hombres”.
El chifle o pito, según Cepeda-Cerdán, "constituye un elemento exclusivo de la Marina, empleado en la vida a bordo y en circunstancias de gran relevancia se puede usar en tierra. Un instrumento sonoro capaz de generar múltiples sonidos e instrucciones. Sus pitadas están concebidas incluso en términos cuasi teatrales, abarcando espacios, actores, usos y costumbres… con interés incluso ceremonial. Su utilización es rápida, directa, audible y capaz de llegar hasta todos los que tienen que ejecutar la orden, con independencia de las condiciones atmosféricas tormentosas —secas o eléctricas—. Con este instrumento tanto se trabaja marineramente como protocolariamente”.
El pito o chifle o silbato de plata colgado de un cordón de seda negro fue el distintivo de los contramaestres de la Armada a lo largo de su historia y es por lo tanto deber de los hombres de mar no perder la tradición en su manejo, que todavía en las modernas maniobras es instrumento de gran ayuda. Las fuentes literarias consultadas conducen a un determinado periodo de tiempo la aplicación de un nombre común para el instrumento en cuestión:
Aulós, caramillo, flauta desde la Grecia y Roma clásicas hasta el siglo XIV.
Chifle desde 1335 hasta el 1573.
Pito desde 1490 hasta nuestros días.
Silbatillo de 1535 a 1603.
Silbato desde el siglo XVI hasta 1858.
La evolución de nuestra lengua hace deducir que el término pito, prevalece sobre los otros debido a que permanece en el lenguaje la voz “pitadas” y “pitidos”, sin embargo, no existen los de “chiflidos” ni “chifladas”, ni el de “silbadas”; sí que se conserva el de “silbidos”, pero por otro asunto.
Descripción
Es axiomático que:
“En los barcos no se han de oír,
Más voces, ni más gritos,
Que los de los contramaestres
Y sus pitos”.
El silbato, silbatillo, chifle, chiflo, chiflito o pito—palabras usadas y desusadas con los tiempos, que traen las modas— está constituido por las siguientes partes:

—el tambor o bola, y más marinero boya —así lo llama Guillén— es la parte más alejada de los labios que recibe el aire impulsado y lo convierte en sonido;
—la boca designa al orificio que la boya tiene en su parte superior el cual en función de su diámetro permite el tono deseado. De ahí se propagan los pitidos o las pitadas, sin que se conozca que produjeran en alguna ocasión ni “chiflidos”, ni “chifladas”, ni “silbadas”. Lo de “silbidos” se deja para los gomeros, de La Gomera claro;
—la caña o cañuto es el tubo que desde los labios hace llegar el aire a la boya. Ambos nombres tienen que ver en origen con las cañas vegetales —partes intermedias entre nudo y nudo— que se utilizaron como flautas o caramillos por los nautas clásicos. De igual modo el ars tormentaria designó como “caña”* al tubo del cañón, puesto que al estar en simbiosis los artilleros** con los cómitres y sus pitos, estos heredaron su vocabulario con la excepción de la parte última de la caña próxima a la boya, que por no tener designación artillera se quedó con la correspondiente al primitivo caramillo vegetal; el pie. En la Lengua Castellana aparece escrita por vez primera la palabra caña en el 1070 y la palabra cañón hacia el 1400, según Corominas.
En cuanto a curvaturas, ondulaciones e inclinaciones que presentan los distintos tipos de cañas, todo se debe a la facilidad para soplarla y a que su uso permita la visión de las partes altas y bajas de la arboladura o aparejo de la nave.

Si está horizontal, el flujo de aire es directo y la visión en vertical queda disminuida para los bajos; si la inclinación es a subir, el aire sufre ligera resistencia y la visión se reduce en los medios; si es inclinado a bajar, al aire le sucede lo mismo que si es a subir y la vista está clara, pero la mano queda limitada en movimientos por la barbilla del usuario. En resumen, cada contramaestre sopla a su comodidad con el pito enfrente, arriba, de amura o de través con respecto a su boca; a su gusto, pues se tiene en cuenta que el escorbuto arruina, como poco, las dentaduras más sanas.
—la embocadura de la caña en donde se colocan los labios para soplar es conocida como boquilla, boquil o brocal. En otros instrumentos musicales se le denomina boca, pero el marinero sabe que de donde en realidad sale el sonido en este instrumento es de la boya, y en particular de su boca. Las molduras*** a lo largo de la caña son reminiscencias de los refuerzos circulares de las cañas de las bombardas que con el paso del tiempo se embellecieron arquitectónicamente; pues por algo era Artillería Real que disparaba con pólvora del Rey.
—la quilla**** es la pieza plana vertical que da rigidez al conjunto de la caña y de la boya. Es pieza que a la vez facilita el agarre en una aterida mano con tiempo cascarrón. La anilla que se suspende de un pequeño orificio en la quilla para colgar el pito se denomina arganeo, del cual pende una rabiza o una cinta de seda. Se despasa por un ojo a semejanza de las anclas.
*Los cañones se dividen en tres cuerpos, el primero abarca desde la contera hasta el zuncho o faja, el segundo acoge al eje de muñones y el tercero integra a la caña y al brocal. En la caña del pito no se contempla el segundo cuerpo, pero sí se relacionan los otros dos: primer cuerpo desde el orificio de salida del aire hasta el caperol o figurón de la quilla y el tercer cuerpo que llega hasta la boquilla. El segundo cuerpo es inexistente por construcción.

**En contra del tópico, los españoles valoraban mucho la artillería. Fernández Navarrete señala que la primera vez que las naves españolas usaron la artillería a flote fue en la defensa del puerto de Barcelona, en 1359, debido a que había en esa ciudad una fábrica de artillería, pólvora y municiones que eran llevadas a Italia y a otras partes del Mediterráneo. En auténtica batalla naval fueron los españoles los primeros en usar artillería embarcada, y a ello achacan la gran victoria que obtuvieron frente a La Rochela las galeras del almirante castellano Ambrosio Bocanegra al desbaratar en 1371 a la escuadra del inglés Pembroke.
En el siglo XVII, los artilleros ocupaban puesto intermedio entre marineros y soldados, ya que eran elegidos entre los marineros más hábiles y ganaban más que ellos. Debían de haber hecho al menos un viaje a Indias y haber asistido a las prácticas del condestable, siendo su principal obligación el mantenimiento de los cañones; pero ante todo eran marineros y ayudaban en la maniobra y en las guardias. Un artillero en la Carrera de Indias ganaba 66 reales al mes, un soldado embarcado —infante de Marina— sobre 50 reales y un marinero 44 reales.

El condestable —jefe inmediato de los artilleros— importa mucho que sea marinero y ha de tener capacidad para ser contramaestre, o que lo haya sido, para que en todas las ocasiones de tormenta sea el primero, con sus artilleros, a las faenas, que como los eligen y dan esas plazas a los marineros aventajados, vale uno por cuatro.
Es por tanto de fácil comprensión que ese imbricado de marinero-artillero repercutiese en una herramienta de uso cotidiano usada por los unos, pero que hacía poco tiempo había estado con los otros, y que se llamaba pito.

De modo recíproco los artilleros —llenos de nostalgia por su procedencia marinera— no quisieron desprenderse del nombre y con él designaron al cuerno de la pólvora, durante siglos, con el nombre de chifle.
Antelo, célebre armero de Ferrol nacido en1774, inventó una llave de fuego para la artillería naval española.

Los veleros, gente próxima a los contramaestres y por tanto cercana a los artilleros, también utilizaban un cuerno de buey relleno de sebo, llamado chifle para portar sus agujas sin temor a pincharse ni a perderlas.

Contramaestre. Condestable

Incluso mucho más tarde, en los inicios del s XIX, la Royal Navy mantenía esa relación como muestra el dibujo de R. Simkim en el que puede verse a un condestable con su gorro de paja puesto en vigor con el Reglamento de 1866, llevando a la vez su silbato colgado al cuello.
Esa primitiva simbiosis de contramaestres con artilleros, se consolidó de tal modo que en tiempos actuales ambos forman parte del mismo Servicio; el de Control de Armas en los buques de nuestra Armada.

*** Las molduras utilizadas han sido recogidas de la obra Nociones de Artillería cuyo autor es el brigadier C. Barrios:
—Filete o Listelo es una moldura lisa y paralelógrama rectángula.
—Astrágalo es una moldura circular y convexa, algo menor que el bocel; está compuesto por un junquillo más dos filetes. Algunos llaman astrágalo a dos de estas molduras juntas, dando a cada una de por sí el nombre de Tondino o Junquillo. Sirven estas molduras para coronar y separar las grandes, dándoles con esta separación mayor realce y hermosura. Otro autor considera que está compuesto por un junquillo más dos filetes.
—Bocel es un corte circular y convexo, mayor que el Tondino y menor que el Toro o Cordón. Ambos se describen haciendo en los extremos de un paralelogramo un semicírculo.
—Escocia, Media caña o Desván es una moldura cóncava.
—Cuarto Bocel, Ovalo o Echino es una moldura convexa, cuyo contorno suele ser una cuarta parte del círculo.
—Papo de paloma o Gola en figura de arcos encontrados.
—Campo del fogón es la distancia entre las molduras del primer refuerzo —culata— y un astrágalo, que se pone en medio adornado con una concha, que le sirve como cazoleta.
—Campo de la caña es la distancia entre las molduras del principio de la caña y un astrágalo. La distancia entre el último astrágalo y las molduras del brocal o joya, se llama collarín o cuello y suele adornarse con un follaje. Con el fin de hacer más inteligible la procedencia de las cañas de los silbatos respecto a las originales artilleras —de las cuales derivan en lo referente a molduras— se añade la siguiente imagen de un cañón facilitada por José López Hermida.

**** En cuanto a la quilla, su parte proel es tratada con términos de arquitectura naval. Se considera que su roda está formada por el pie de roda, la roda —que en puridad es la parte intermedia de la roda, vulgarmente empleada en su conjunto como roda, cuando en realidad es una sinécdoque— y el caperol; todo este conjunto forma el branque. El branque va cubierto, por tanto, protegido y oculto, con el visible tajamar; además en su parte superior puede incluirse un figurón o mascarón… y así se identifica sin confusión esa parte tan mudable en formas de la quilla del pito como es su sección proel.
Para facilitar la descripción, también se puede utilizar la palabra sobrequilla pues identifica la sección plana vertical que permite su unión a la caña y a la boya, dejando como quilla, propiamente dicha a su parte inferior –con refuerzo o sin él.

—pie de roda es la pieza curva en que remata la quilla por la parte de proa, y de cuyas ramas la una empalma con la misma quilla, y la otra con la roda, y forma la primera parte del branque.
—roda es el madero curvo que para formar la proa se une al pie de roda y que con éste y el caperol forma el branque.
—caperol es la pieza más alta de las que constituyen el branque y está en el extremo superior de la roda.
—branque es el conjunto de pie de roda, de la roda y del caperol y de ser estos sustituidos por una sola pieza se le llama igualmente branque.
—tajamar es el tablón grueso o piezas que se adapta fuertemente a la roda por su cara exterior y en su extremo superior se coloca el figurón o figura. Sirve para dividir el agua cuando el buque marcha avante.
A lo largo de la Historia el tajamar se adornó con volutas verticales que, al igual de lo que ocurre con las molduras artilleras, se incorporaron a los tajamares de los silbatos tal como muestra el 1671 y posteriores.
Conviene mencionar que algunos silbatos muestran un espolón en el pie de roda a la par que presentan un saliente en el caperol. Para entender esta duplicación se hace necesaria la siguiente explicación: Espolón según Fondevila, es una fuerte pieza de madera con forma de flecha alargada, que se coloca horizontalmente, aunque con inclinación hacia arriba, a continuación del caperol de la galera. A sus costados se formaba una pequeña cubierta que servía como puente de asalto para abordar las embarcaciones enemigas. El espolón no se usaba para hundir a la embarcación contraria, solo en ocasiones, se empleaba para romper la palamenta (conjunto de los remos) del enemigo. Su función era montar sobre la cubierta del contrario facilitando el asalto al abordaje de modo que se podría obtener botín y hasta apoderarse de una buena nave.

Desde luego con ese espolón alto nunca se hundiría a la nave oponente como se realizaba en la antigüedad por medio del rostrum (espolón bajo), que iba en la proa a flor de agua y cuya colisión ocasionaba una vía de agua en la obra viva del atacado, con resultado de pérdida total.

A este mismo espolón antiguo lo define O´Scanlan como un “pedazo de hierro saliente en el remate de proa de las galeras con el cual abordaban y ofendían al enemigo”. El cambio de táctica naval y por tanto de espolón bajo a espolón alto se debió a motivos económicos de rentabilidad. Una embarcación con un tipo de espolón, nunca con los dos.